Es habitual que profesionales, autónomos y responsables de empresa reciban en su correo corporativo mensajes de prospección comercial: software, consultoría, formación, financiación o servicios de gestión. A menudo, el remitente explica que ha obtenido la dirección «de fuentes públicas relacionadas con la actividad profesional».

 

Esa frase, por sí sola, no convierte el envío en legal. Hay que separar dos cuestiones: una cosa es que una empresa pueda tratar determinados datos de contacto profesionales y otra distinta que pueda utilizarlos para remitir publicidad por correo electrónico. En este segundo punto también se aplica la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico (LSSI).

 

Por tanto, la respuesta a «¿pueden escribirme porque mi dirección aparece en Internet?» no es un sí automático. Dependerá del origen y uso del dato, del contenido del mensaje, de si hubo consentimiento o una relación contractual previa y de que el destinatario disponga de una vía sencilla para oponerse.

 

Que el dato sea profesional no autoriza cualquier uso

 

El artículo 19 de la LOPDGDD presume, salvo prueba en contrario, que existe interés legítimo para tratar datos de contacto de personas que trabajan para una empresa cuando se usan únicamente para localizarlas profesionalmente y relacionarse con la entidad en la que prestan servicios. Una regla similar se aplica a empresarios individuales y profesionales liberales cuando los datos se tratan en esa condición.

Ahora bien, disponer legítimamente de una dirección profesional no basta para enviar publicidad por correo electrónico. El artículo 21 de la LSSI prohíbe las comunicaciones promocionales no solicitadas o no autorizadas previamente. La excepción más habitual exige una relación contractual anterior, que el dato se haya obtenido lícitamente y que la publicidad se refiera a productos o servicios propios similares a los contratados.

  • Ejemplo normalmente admisible como tratamiento profesional: localizar en la web corporativa el correo de la responsable de compras para remitirle una propuesta individual relacionada con su función. Aun así, si el mensaje tiene carácter publicitario, deberán cumplirse también las exigencias de la LSSI.
  • Ejemplo que no queda legitimado por ser un dato «público»: recopilar direcciones de LinkedIn, directorios o páginas web y utilizarlas para una campaña masiva de correos comerciales sin consentimiento ni relación contractual previa.
  • Ejemplo de la excepción por relación previa: una empresa puede informar a un cliente sobre una nueva versión de un servicio similar al que ya contrató, siempre que facilite una forma sencilla y gratuita de dejar de recibir mensajes.

 

¿Qué significa no contestar?

 

No responder no equivale a consentir. El consentimiento para recibir comunicaciones comerciales electrónicas no puede deducirse del silencio, de la falta de respuesta ni de que el destinatario no haya utilizado el enlace de baja.

  • Si no había autorización ni relación contractual previa: el primer correo promocional ya puede resultar contrario a la LSSI; no es necesario esperar a que haya varios envíos.
  • Si el envío estaba permitido por una relación previa: cada comunicación debe ofrecer una forma clara, sencilla y gratuita de oponerse. Una vez ejercida la oposición, los datos no deben seguir tratándose con fines de mercadotecnia directa.
  • Ejemplo: si un proveedor con el que contrataste formación te informa de un curso relacionado, podría encajar en la excepción. Si vende tu dirección a un tercero o te anuncia productos ajenos y no relacionados, el supuesto cambia.

 

Qué puedes hacer si recibes uno de estos correos

 

La respuesta adecuada depende de si quieres simplemente dejar de recibir mensajes o, además, conocer el origen de tus datos y pedir que se eliminen:

  1. Usar el mecanismo de baja: si el mensaje incluye un enlace o una dirección válida, suele ser la vía más rápida. Conviene guardar una copia de la solicitud.
  2. Ejercer el derecho de oposición: puedes exigir que dejen de utilizar tus datos para publicidad. En mercadotecnia directa, la oposición obliga a cesar ese tratamiento.
  3. Solicitar acceso o supresión: si no sabes de dónde obtuvieron la dirección, puedes pedir el origen del dato, la finalidad, la base jurídica, los destinatarios y el plazo de conservación. La supresión procede cuando concurren los requisitos legales, aunque la empresa puede conservar los datos mínimos necesarios para acreditar y respetar tu baja.
  4. Bloquear o marcar como spam: es útil frente a mensajes sospechosos. Si el enlace de baja parece fraudulento, es más prudente no pulsarlo.
  5. Reclamar: si continúan los envíos después de tu oposición, no identifican al responsable o no atienden tus derechos, puedes presentar una reclamación ante la AEPD aportando los correos, cabeceras y solicitudes enviadas.

 

Modelo breve de oposición

«Solicito que dejen de tratar mi dirección de correo con fines de mercadotecnia directa y que no me remitan nuevas comunicaciones comerciales. Asimismo, les ruego que me indiquen el origen de mis datos y la base jurídica utilizada. Les agradeceré confirmación de que mi oposición ha sido atendida.»

 

En resumen: que un correo profesional aparezca en una web, una red profesional o un directorio no concede permiso general para utilizarlo en campañas publicitarias. La normativa de protección de datos puede permitir ciertos tratamientos de contacto profesional, pero el envío de publicidad electrónica está sometido además a las reglas específicas de la LSSI. Antes de concluir que un mensaje es lícito o ilícito hay que revisar el caso concreto.

 


Nota: este texto tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento jurídico sobre un caso concreto. Referencias principales: artículo 19 de la LOPDGDD, artículos 21 y 22 de la LSSI y criterios publicados por la Agencia Española de Protección de Datos.